Prisiones Cubanas

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Foto tomada de internet

Prisioneros

Existen muchas formas de intentar aprisionar el alma, unos utilizan barras de acero otros barrotes de ignominia, nosotros los cubanos llevamos demasiado tiempo con las manos atadas que nos acostumbramos a las yagas sangrantes, adictos al dolor, algunos hasta desarrollaron el Síndrome de Estocolmo, el conocimiento y aceptación de nuestra realidad nos acercará a la libertad.

Prisiones Cubanas

Estar en una celda es una experiencia bastante desagradable, el olor a humedad, el olor a óxido, el sabor a hierro en la boca, los malos olores que desprende la letrina, el espacio dedicado a estar acostado, duro como piedra y muchas veces infestado de bichos, con un bombillo que está sólo para decir que no se está totalmente a oscuras, donde se confunden el día y la noche, algunas veces acompañado pero siempre escuchado, a la espera constante, los minutos se convierten en horas, los días en semanas y las semanas en años, estar en una celda es como haber llegado al espacio que precede al infierno, con un calor que quema tus extrañas, un calor húmedo que llega a tus huesos, es una experiencia inolvidable. Cuando crees que todo ya lo has vivido, suenan los cerrojos y escuchas tu nombre, te meten en una oficina donde es verdad, no existen pinzas, no existen baterías con cables ni paños húmedos para asfixiarte, no son necesarios, el aire frío del equipo te hace sentir inmediatamente el cambio, comienzas a temblar pero nadie te pregunta si tienes frío, te cuesta pensar y tus defensas bajan,  estar en una celda es una experiencia que nunca olvidas.


Sin embargo existen celdas y prisiones que llegan más lejos que el espacio tiempo, que se meten más allá de los huesos, que se sienten más que el calor y el frio, y que tristemente aprendemos a vivir en ellas, aprendemos a tolerarlas y por si fuera poco nos hacemos adictos, estas son las prisiones del alma, del espíritu o, de la voluntad, del desconocimiento, del miedo, estas no tienen barrotes de acero, ni confinamientos, ni interrogatorios, son más letales, es verdad; más duraderas, incluso podemos vivir en ellas toda nuestra vida y algunas son hasta hereditarias, las trasmitimos de generación en generación, de estas prisiones quisiera hablarles, porque son en las que mi pueblo vive día a día, los que las inventaron no sabían lo que estaban creando; pero luego, poco a poco se dieron cuenta de su conveniencia y que la desaparición de cualquiera de ellas conllevaría a su estrepitosa caída, es por eso que fueron incrementando herramientas para mantenerlas, alimentando todo la estructura de su creación y desarrollo, ganando en experiencia y habilidades, montando mecanismos para su subsistencia, que activan ante el más mínimo signo de alarma. Nadie ha escapado a estas prisiones, todos y cada uno de los cubanos vive o ha vivido en una de ellas, hoy que de alguna manera estamos aprendiendo que existen, y como podemos echar abajo sus murallas, es hora de que tomes conciencia de que existen y en cuál de ellas estamos cada uno de nosotros viviendo.

Prisión del Miedo

El miedo es una fuerza poderosa que no pocos en la historia de la humanidad han utilizado para subyugar a los pueblos, si vamos al significado…..sensación de angustia creada por un peligro real o imaginario….nos damos cuenta que no es necesario que ocurra o hayan ocurrido hechos que preceden a lo temido, simplemente podemos suponer que pasará, pues bien, en nuestra isla existen un sin número de temores (temor: miedo que se siente al considerar que algo malo ocurra o haya ocurrido o sospecha de que algo es malo o puede conllevar un efecto perjudicial o negativo) que si no sirven directamente para mantener al pueblo maniatado, indirectamente suprimen la capacidad que tiene el ser humano de Analizar, de pensar, de cuestionar, son temores que no nos impusieron de una sola vez sino, que fueron apareciendo poco a poco y por decirlo de alguna manera nos mantienen ocupados… cuando las manos trabajan la cabeza no piensa…., esto no es del todo cierto pero se acerca bastante.
De estos temores tenemos muchos ejemplos, la leche llegó en dos horas la pierdo, el pollo está en la casilla a los tres días lo pierdo, en este día le venderán o le darán el pollo a la bodega tal o mas cual. Este último tiene otro temor implícito, la aceptación que ya no nos dan o nos regalan nada, que todo es comprado, incluso sucede que cuando alguien se somete y lo aclara existen los que se ofenden y lo mezclan todo.

Seguimos con los ejemplos, mañana llega los medicamentos a la farmacia si no voy mañana, pasado no habrán y por consiguiente no podré tener lo que necesito para vivir, el niño está creciendo, ya cumple los 7 años, verdad que habría que hacer fiesta, pero no, existe otro temor, que leche le doy ahora para que desayune. Y si llega tal o mas cual producto y estoy trabajando, que comeré hoy, que especies le echo al potaje, con que cocino el pollo, me alcanzara el dinero para el mercado, que transporte hoy agarro para ir al trabajo, existen cientos y cientos de estos tipos de temores, que seguro que ahora usted los estará enumerando y pensando se le quedó este, o se le quedó aquel, no pudiera ponerlos todos, los cubanos nos pasamos horas y horas pensando y sufriendo estos temores, que si bien pudieran ser el motor impulsor para despertar, nos mantiene ocupados y ocupados, no nos dejan pensar, es por eso que cuando está por venir a la ciudad, al barrio, al centro de trabajo cualquier personaje o tal fecha conmemorativa nos llenan las casillas, las placitas y de alguna manera el pueblo descansa, y aunque tiene que ir hacia otra de las prisiones, las colas; no piensa en la causalidad de nuestra desgracia sino en el plato lleno, conscientemente muchos lo manifiestan…..tiene que venir, o pasar o conmemorarse para que pasen cosas como estas….pero de ahí no pasa, de palabras; que algunos secundan y otros aceptan en silencio.


Por otro lado existen niveles más altos en el que el miedo actúa, nuestras universidades, la historia nos ha enseñado que son los jóvenes los que cambian la historia, pero estos jóvenes siempre contaron con un maestro, con un tutor, con motivos y aspiraciones, poseían autonomía, hoy en nuestras universidades la FEU no se gobierna, según sus estatutos aceptaron la dirección de la UJC(Unión de Jóvenes Comunistas), y la elección de sus dirigentes no se hace por méritos propios sino por lo que llaman política de cuadros, es decir que no importa las cualidades que poseas, no importa lo mucho que te quieran las masas, el líder natural que seas, lo que comuniques, si no eres simpatizante con los que están al frente del gobierno, hermano; nunca dirigirás la FEU, en ninguno de sus niveles y si por casualidad decides ponerle el pecho y comenzar a decir lo que piensas, te desaparecen, y sabes por qué, porque la universidad es de los revolucionarios, y ahí te va otro gran e inmenso temor. Declararte revolucionario, carajo que es un revolucionario…..revolucionario es el que es partidario de la revolución como cambio o que participa activamente en una revolución, de la revolución, política, social o moral o relacionada con ella, que supone un cambio radical en el tratamiento o uso de algo…..Pues bien, este gobierno se ha hecho dueño de este concepto, aunque no entiendo que cambia, o bueno si sé, honestos en delincuentes, pacíficos en violentos, civiles en asesinos, trabajo y esfuerzo en miseria, profesionales en revendedores., sí que cambia a la gente y hasta los conceptos, robo en lucha, prostitución en jineterismo. Pero ya, regresemos a la universidad, nuestros jóvenes tienen miedo a perder su juventud, no están representados por sus líderes y lo que más duele es que el más grande de todos sus temores es graduarse, sencillamente porque aquí, en mi tierra, en mi Cuba bella, un profesional no tiene futuro.


Este miedo si es atroz, el temor a perder el trabajo, si a perder el trabajo, porque los trabajos estatales son para los simpatizantes del régimen, no diré más revolucionarios, porque yo soy revolucionario y quiero un cambio, en el pasado para algunos este miedo era imaginario pero hoy es real, muy real, conozco más de uno que ha perdido su trabajo por decir lo que piensa, no por mal trabajador, no por ser ineficiente o mal profesional, simplemente por decir lo que piensa, entonces nos encontramos presos de nuestros pensamientos, de nuestras ideas, de nuestra identidad y aunque estamos hartos, seguimos adelante porque tenemos personas que dependen de nosotros, hijos que dependen de nosotros, esposas y esposos que dependen de nosotros, padres y madres que dependen de nosotros y nosotros mismos necesitamos comer. Y nos encontrando aguantando callados un montón de mentiras, de atropellos. ¿Qué cubano no ha sufrido esto? Incluso los que no viven en Cuba  estuvieron en esta prisión, siendo cuenta propia o trabajador estatal que para el caso es lo mismo, esta es la más grande de todas las prisiones y la más injusta de todas.


Y ahora te va una prisión en la que no todos hemos estado, sólo aquellos que de alguna manera hemos pretendido cambiar, el temor a que nada, absolutamente nada valga la pena, al pasar de los años hemos permitido que el comunismo se adueñe del pasado, del presente y hasta del futuro, permitimos que hicieran de nuestra constitución un manifiesto del Partido Comunista de Cuba, donde los que no pensamos como ellos no tenemos derechos, y hoy por muy irracional que parezca, la ley los ampara y todo lo que se haga para cambiar será ilegal, este régimen no sólo es brutal, dictatorial, injusto, sino que además de eso, según la constitución es irrevocable y nada, absolutamente nada, debería tener tanto poder.

Prisión de la desconfianza


Creer, sólo creer, es algo grandioso, confiar, es como entregarte todo, recuerdo la primera parte del films Divergente, cuando la protagonista se tira al vacío sin saber que le esperaba abajo, eso es confianza, yo en lo personal no recuerdo un solo momento de mi vida que haya tenido confianza absoluta en algo o en alguien, y debo decir que para nada es un logro, todo lo contrario resulta, el peor fracaso de todos. Pues bien, esta es una de las más grandes prisiones cubanas, la desconfianza, es como esperar que en cualquier momento el mundo te traicione, y cuando digo el mundo, lo digo textualmente. Crecimos con el temor de ser traicionados y esto no es innato del ser humano, se adquiere con la crianza, con las experiencias, las propias y las de los demás, a veces creen que es por eso que gran parte de los cubanos no saben que es la palabra empeñada, las promesas,   la dignidad.


Si eres cubano y has caminado por mis calles, no pocas veces en tu vida habrás escuchado, cuidado que ese es de la seguridad, fíjate si es un hábito la desconfianza, que eso lo decimos para cualquier delito, y no sirve para cualquiera delito, pero en Cuba se le teme a la seguridad, y lo más triste, desde pequeños se nos inculcó que cualquiera puede ser un seguroso. Ahora la pregunta viene sola. ¿Por qué los cubanos desconfiamos tanto? Porque ese es el truco más viejo del régimen, en todos los círculos, sean laborales, estudiantiles, culturales o de ciencia,  reclutan y reclutan, y cuando menos lo esperan riegan la bola que este o aquel es de la seguridad, y al minuto nadie confía en esa persona, pero ahí no se queda todo, si esa persona en la que tanto has confiado resulta ser un seguroso, cualquiera puede serlo y, ¿a quién le pondrás tu vida en sus manos?


La desconfianza cuando se trabaja, es un arma poderosa, recuerdan la frase, …divide y vencerás… pero no creas que sólo usan esa técnica con el pueblo, nuestras leyes laborales, partidistas, sociales, aquellas que están escritas y las que no, son tan estrictas, que destruyen en segundos, no importa quien seas, que hayas hecho, que hayas aportado, el solo hecho de equivocarte una vez, aunque en esta, no hayas dañado a nadie, no hayas cometido ningún delito, sólo te equivocaste, pues las ruedas dentadas de nuestro sistema te hace añicos. ¿Y quién hace cumplir estas leyes? ¿Quiénes son los que las sufren? ¿Quién es la diana y la flecha? El pueblo; entonces por mucho que te esfuerces, por mucho que te entregues, tarde o temprano la rueda de la historia cubana te molerá, entonces en quien confiar, en nuestra patria la consideración no existe, las palmadas en el hombro no existen, los logros alcanzados se convierten en cenizas con solo chasquear los dedos uno de más arriba, entonces se deja de creer en el hombre, en su naturaleza divina, en su honestidad y llega irremediablemente la desconfianza, una desconfianza que no sólo está en los de a pie sino que taladra en los niveles más altos de la dictadura, porque en esta prisión no sólo vive el pueblo, también sus opresores. 
Prisión del Pan o síndrome del Pan.


Si creemos que la necesidad atenta contra la dictadura, les aseguro que no es tan así, si cometemos el error de creer que las colas atentan contra la dictadura, les aseguro no es tan así, quieres controlar a alguien controla sus pensamientos, su tiempo, sus prioridades, y a los cubanos nos controlan muy bien, por qué lo llamo el síndrome del Pan, sencillo, porque diariamente tenemos que dedicarle tiempo al pan, tiempo de nuestro pensamiento, de nuestras acciones, de nuestra voluntad,  hay o no hay, tiempo para hacer la cola del pan, tiempo para  sufrir la cola del pan, la calidad del pan, pero así pasa con la leche de nuestros niños, con el café, con los jabones, con la pasta dental, con el pollo, con el picadillo, con la cola de la guagua. La pregunta de todas nuestras madres, ¿Qué voy a cocinar hoy? Así navegamos entre tantas necesidades que olvidamos la causalidad de la misma y no procesamos como resolverlas.


Y se cae la pregunta, ¿Le conviene a la dictadura la necesidad? Pues Claro, es por eso que día a día crea una prisión nueva, nadie escapa, aumenta la exigencia cuando más necesidad existe, aumenta la necesidad cuando más inseguros se sienten en el poder, las leyes endurecen pero parte del pueblo no las ve, no las sienten, porque tienen su corazón, sus sentimientos y sus análisis en otra parte. Quien ha vivido en Cuba y quien vive sabe que de que hablo solo bastaría que se preguntase, ¿En qué Prisión vivo Yo?